domingo, 9 de julio de 2017

Las "motillas" de La Mancha



Motilla de El Azuer

Son varios los investigadores que se han ocupado de las “motillas, morras y castillejos” que, entre los últimos siglos del III milenio y buena parte del II a. de C. se construyeron en La Mancha, pero el trabajo de Luis Benítez de Lugo y Miguel Mejías es al que me voy a referir aquí [1]. Sostienen los autores que se trata del más antiguo sistema de captación de agua subterránea del occidente europeo. La red de pozos en la que consistieron las “motillas” pudo estar relacionada con una crisis climática que hizo desaparecer las aguas superficiales, el evento climático 4.2 ka, que dio comienzo en los últimos siglos del III milenio a. de C. Las motillas son tells similares a túmulos funerarios.

¿Lo que antes fueron pocos excavados en la roca para alcanzar la capa freática, se convirtieron luego en lugares sagrados donde enterrar a los muertos, dadas las fortificaciones laberínticas de que constan? Lo que está claro es que son asentamientos en zonas llanas, pues alrededor del túmulo o pozo habría cabañas donde se asentó la población. Estas motillas coexistieron en La Mancha con poblados en altura, campos de silos, cuevas y monumentos funerarios. Un caso de yacimiento en altura es de La Encantada (Granátula de Calatrava, Ciudad Real).

La motilla de El Acequión, dentro de la laguna homónima (municipio de Albacete) es la más oriental de todas las conocidas. Estas edificaciones se hallan estrechamente vinculadas con las características hidrogeológicas de La Mancha, es decir, allí donde había acuíferos. Al menos en el caso de El Azuer el pozo excavado podría tener la profundidad suficiente para alcanzar la roca caliza (al menos 20 metros). Otras motillas son La Albuera, del Cura, de las Cañas, que se encuentran en una cota aproximada de 607 metros sobre el nivel del mar. En los dos últimos casos citados solo hubo que excavar 3 ó 4 metros desde la superficie para alcanzar el nivel freático. En La Máquina y Zuacorta, 2 ó 3 metros.

Un caso bien estudiado es el de la motilla de El Azuer, a unos 625 m. sobre el nivel del mar. Para llegar al agua subterránea los prehistóricos (entre el Calcolítico y el Bronce) atravesaron arcillas y limos del cuaternario, gravas, arcillas, margas y calizas del terciario.

En la segunda mitad del III milenio a. de C. se vivió en la meseta un prolongado período seco, el evento climático citado que es de los más notables en la península Ibérica y que ha sido puesto en relación con las motillas. En Castillejo del Bonete (Terrinches, Ciudad Real) se ha descubierto un conjunto tubular (en la actualidad dos túmulos) el mayor de ellos sobre una cueva natural que contiene arte rupestre, corredores de comunicación ente los túmulos, uno de ellos con orientación al solsticio de invierno. Los restos encontrados son cerámicas, restos humanos, botones de marfil, adornos personales, colgantes elaborados con conchas marinas, cuentas de variscita[2], otras de madera o hueso, cazoletas… Es posible afirmar –dicen los autores citados- que Castillejo fue un lugar funerario dotado con una alta carga simbólica y ritual.

La existencia de enterramientos en el interior de las motillas (135 difuntos en el caso de El Azuer) no permite, sin embargo, asegurar que alrededor de las motillas se extendieron áreas residenciales. Cuando un clima más lluvioso hace aflorar las aguas superficiales, la cultura de las motillas va desapareciendo…


[1] “La prehistórica cultura de las motillas: nuevas propuestas para un viejo problema”, 2015.
[2] Mineral verdoso con irisaciones.

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